En la tarde del domingo, 22 de junio, nuestra Hermandad ha tenido el honor de participar en la solemne procesión del Corpus Christi, acompañando al Santísimo Sacramento por las calles de nuestra ciudad.
Con fe, devoción y orgullo, rendimos culto público a Jesús Sacramentado, reafirmando nuestro compromiso cristiano y nuestra presencia viva en la vida de la Iglesia.
Agradecemos a todos los hermanos y devotos que nos han acompañado en esta jornada tan especial.
Que el Señor, presente en la Eucaristía, nos siga guiando y fortaleciendo en nuestro caminar.
Un Corpus convertido en devoción viva y testimonio sacro.
Bajo el sol de junio, las calles de Cuenca se transformaron en un santuario al aire libre, donde cada altar levantado por las hermandades cobraba vida, erigiéndose como auténticas “capillas eucarísticas” portátiles. En este ambiente, miembros de la Hermandad compartieron su experiencia con el corazón encendido:
«Portar el paso y acompañar a la Custodia ha sido para nosotros una llamada intensa a la fe, un acto de entrega personal bajo la mirada de Cristo presente en la calle».
Los banceros, ataviados según el protocolo, sintieron en cada pisada la presencia del Señor:
«Se confirmó que no solo llevábamos un símbolo, sino la propia carne y sangre del Señor, ¡qué emoción bendita!».
Niños y niñas vestidos de Primera Comunión sembraron el recorrido con pétalos, como un canto inocente y jubiloso al Santísimo, y en cada altar se detuvo la Custodia para recibir incienso, cantos y oraciones. Al paso de la procesión, el obispo acompañó con bendiciones, elevando un murmullo de fieles exclamando ¡Viva Jesús Sacramentado!, estremecidos por un recogimiento profundo.
Destacando el aspecto comunitario de hermandad, no es solo una procesión, sino un acto de unión sacramental sintiendo la llamada a testimoniar públicamente la presencia real de Cristo.
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